Notas
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El anuncio no arregla una oferta confusa
Si en una frase no se entiende qué vendes y a qué precio partes, la campaña gasta.
Primero se escribe qué se vende, a quién y desde qué precio. Recién ahí se arma el anuncio.
Subir el presupuesto no aclara una oferta que no cabe en una línea.
La web tiene un trabajo
Que te escriban. Un botón, un WhatsApp y una prueba de que existes.
El resto de la página puede esperar. Una web bonita que no pide el chat no está trabajando.
En el celular se tiene que entender en los primeros segundos.
Medir es decir de dónde vino
Un chat sin origen no sirve para decidir si el anuncio se queda.
Cada consulta debería decir qué campaña la trajo. Si no se puede leer, no se aumenta la pauta.
El número no es un like. Es la conversación y, si nos lo dices, la venta.
El formulario pide poco
Nombre y WhatsApp bastan para empezar. El cargo y el presupuesto se preguntan en la llamada.
Un formulario largo pierde a quien ya iba a escribir.
Lo que sí se pide es el permiso para contactarte.
Una marca se nota en la frase
Si no cabe en una línea, el anuncio tampoco la va a explicar.
La frase dice a quién le habla y qué no promete. El logo viene después.
No inventamos una historia que no es tuya.
El seguimiento no es un favor
Si nadie responde el mismo día, el anuncio ya se gastó.
La respuesta puede ser una persona o un agente. Lo que no puede pasar es el silencio.
Eso se escribe en el proceso. No queda en la memoria de alguien.
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